
En un montaje de la "Comedia de las equivocaciones" de Shakespeare podría acentuarse al inicio (los primeros cuatro actos) el "veneno del ego", es decir, su dosis debería ser casi letal.
Un posible camino para que "el error" tome su pulso y el espectador no logre poner en orden las piezas de la historia, hasta el último acto... El ego vampiro genera una fuerza que da calor al embrollo que moviliza...
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